La tesis
No tratamos la infertilidad. Preparamos el terreno.
Es un cambio de orden, no de vocabulario: antes de intervenir hay un terreno biológico que se puede medir y preparar, y una ventana de noventa días en la que ese trabajo alcanza a los gametos que participarán en la concepción.
Más de quince años de literatura publicada en microbiota, inmunología reproductiva y psiconeuroinmunología apuntan en la misma dirección: el terreno sobre el que ocurre una concepción es modificable, y trabajarlo antes no es una alternativa al tratamiento médico, es su mejor punto de partida.
De ahí salen las doce semanas. Tanto la maduración de un óvulo como la producción de un espermatozoide necesitan unos noventa días: acortar el programa sería trabajar sobre células que ya estaban formadas.
Y de ahí sale la estructura: cinco pilares —Function, Food, Flora, Flow y Fit— que son cinco sistemas del mismo cuerpo trabajados en paralelo, en tres fases progresivas: Despertar, Reequilibrio e Impulso.
Queremos un futuro donde nadie inicie una fecundación in vitro sin haber pasado antes por una preparación estructurada, y donde recomendarla sea parte del protocolo y no una excepción.